Mi nombre es Joselyne Sepúlveda y en este blogger le mostrare a mi profesor de historias sobre mis tareas, entre una de esas la minería de el siglo XIX el cual el tema lo eleji yo por que creo que fue lo mas sencillo y facil para mi.
MINERÍA EN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX En los años de la Emancipación (1810-1818), la minería fue una de las pocas actividades económicas que se mantuvo más o menos intocada por los acontecimientos bélicos, dada la lejanía de los yacimientos de los escenarios donde se desarrolló la lucha armada. Asegurada la Independencia, la minería se vio animada por un mayor contacto comercial y humano con el exterior. Muchos extranjeros se radicaron en los centros mineros del norte, con lo que se facilitaron las vinculaciones con las empresas foráneas y se abrió la puerta para introducir mejoras tecnológicas y, posteriormente, para la afluencia de nuevos capitales.
- La apertura al exterior descansó, casi enteramente, en el mejor aprovechamiento de los recursos naturales. Las actividades económicas que tuvieron mayor desarrollo fueron la minería y la agricultura.
- En la minería, lo más relevante fue el aumento de la producción de plata, el auge del cobre y el surgimiento de la producción de carbón. El período que va desde 1830 a 1880, es conocido como el ciclo de la plata, el cobre y el carbón de piedra.
El Cobre
El apogeo cuprífero a partir de la década de 1850 estuvo fundamentado en la creciente demanda mundial, en la introducción de una moderna tecnología y en el surgimiento de la industria fundidora del mineral.
La economía inglesa, que hasta antes de 1825 se autoabastecía de cobre, comenzó a aumentar sus requerimientos al ritmo de la Revolución. En 1826, Chile exportaba a Inglaterra 60 toneladas de cobre; en 1831, más de 2.000 y, en 1835, 12.700.
Hacia mediados del siglo, la producción chilena de cobre adquirió importancia mundial. El creciente uso del metal aumentó el consumo internacional, de unas 15.000 TM por año a principios del siglo, a 25.000 TM en la década de 1820 y a un promedio de 44.000 TM por año en la década de 1840. En esta Época, Chile ya producía unas 10.000 TM por año y, más tarde, se convertiría en un exportador de primera importancia.
Durante los primeros veinte años del siglo, el cobre era exportado en forma de relaves y ejes hacia Swansea, Inglaterra, lo que implicaba castigos en el precio, porque se trataba de un producto de muy pobre elaboración. Un avance fundamental en el tratamiento del cobre fue el reemplazo de los antiguos hornos de manga por hornos de reverbero, aporte logrado gracias al químico alsaciano Carlos St. Lambert, quien había llegado en 1897 como gerente a la Compañía Minera Sudamericana.
El primer horno fue instalado en 1831 y su uso se difundió ampliamente a partir de 1841. Otro espectacular aporte a la producción de cobre se debió al esfuerzo de José Tomás Urmeneta que, tras 20 años de excavaciones en 1852 descubrió la veta principal de la mina Tamaya, que alcanzó niveles considerables y fue altamente redituable en corto plazo.
Urmeneta más tarde se lanzó a la creación de la industria fundidora de cobre. Instaló las grandes fundiciones de Guayacán y Tongoy, unida esta última a Tamaya por un ferrocarril construido a sus expensas, y habilitó modernas instalaciones portuarias. Nuevos hornos de fundición se levantaron en Tongoy, Lirquén y Lota.
Todos estos hechos favorecieron el crecimiento y desarrollo de la producción nacional, que de un nivel de 10.000 TM por año llegó a 40.000 TM. Ni aún la baja de precios a comienzos de la década del 60 afectó a la industria. La demanda de cobre siguió creciendo debido a los descubrimientos en el campo electrónico y a los usos del cobre en el área de las comunicaciones.
La mayor producción chilena de cobre del siglo se registró en 1876, con 52.308 TM. A partir de 1870 se inició un largo período depresivo de la economía internacional, que se reflejó en una baja general de los precios, afectando en forma directa al cobre chileno, que sufrió una caída vertical de la que no se recuperaría hasta comienzos del siglo actual. Esto coincidió con el agotamiento de los minerales más ricos de Chile y la explotación de grandes depósitos cupríferos en España y en EE.UU., donde comenzaba el empleo de técnicas más avanzadas.
La importancia relativa de Chile en la producción mundial de cobre disminuyó, en consecuencia. En 1879, significaba un 30% de la producción mundial; en 1890, un 9,7% y, en 1900, sólo un 5,5%. Otro factor del eclipsamiento de la producción de cobre, fue el desplazamiento del interés minero hacia un nuevo mineral: el salitre.
El apogeo cuprífero a partir de la década de 1850 estuvo fundamentado en la creciente demanda mundial, en la introducción de una moderna tecnología y en el surgimiento de la industria fundidora del mineral.
La economía inglesa, que hasta antes de 1825 se autoabastecía de cobre, comenzó a aumentar sus requerimientos al ritmo de la Revolución. En 1826, Chile exportaba a Inglaterra 60 toneladas de cobre; en 1831, más de 2.000 y, en 1835, 12.700.
Hacia mediados del siglo, la producción chilena de cobre adquirió importancia mundial. El creciente uso del metal aumentó el consumo internacional, de unas 15.000 TM por año a principios del siglo, a 25.000 TM en la década de 1820 y a un promedio de 44.000 TM por año en la década de 1840. En esta Época, Chile ya producía unas 10.000 TM por año y, más tarde, se convertiría en un exportador de primera importancia.
Durante los primeros veinte años del siglo, el cobre era exportado en forma de relaves y ejes hacia Swansea, Inglaterra, lo que implicaba castigos en el precio, porque se trataba de un producto de muy pobre elaboración. Un avance fundamental en el tratamiento del cobre fue el reemplazo de los antiguos hornos de manga por hornos de reverbero, aporte logrado gracias al químico alsaciano Carlos St. Lambert, quien había llegado en 1897 como gerente a la Compañía Minera Sudamericana.
El primer horno fue instalado en 1831 y su uso se difundió ampliamente a partir de 1841. Otro espectacular aporte a la producción de cobre se debió al esfuerzo de José Tomás Urmeneta que, tras 20 años de excavaciones en 1852 descubrió la veta principal de la mina Tamaya, que alcanzó niveles considerables y fue altamente redituable en corto plazo.
Urmeneta más tarde se lanzó a la creación de la industria fundidora de cobre. Instaló las grandes fundiciones de Guayacán y Tongoy, unida esta última a Tamaya por un ferrocarril construido a sus expensas, y habilitó modernas instalaciones portuarias. Nuevos hornos de fundición se levantaron en Tongoy, Lirquén y Lota.
Todos estos hechos favorecieron el crecimiento y desarrollo de la producción nacional, que de un nivel de 10.000 TM por año llegó a 40.000 TM. Ni aún la baja de precios a comienzos de la década del 60 afectó a la industria. La demanda de cobre siguió creciendo debido a los descubrimientos en el campo electrónico y a los usos del cobre en el área de las comunicaciones.
La mayor producción chilena de cobre del siglo se registró en 1876, con 52.308 TM. A partir de 1870 se inició un largo período depresivo de la economía internacional, que se reflejó en una baja general de los precios, afectando en forma directa al cobre chileno, que sufrió una caída vertical de la que no se recuperaría hasta comienzos del siglo actual. Esto coincidió con el agotamiento de los minerales más ricos de Chile y la explotación de grandes depósitos cupríferos en España y en EE.UU., donde comenzaba el empleo de técnicas más avanzadas.
La importancia relativa de Chile en la producción mundial de cobre disminuyó, en consecuencia. En 1879, significaba un 30% de la producción mundial; en 1890, un 9,7% y, en 1900, sólo un 5,5%. Otro factor del eclipsamiento de la producción de cobre, fue el desplazamiento del interés minero hacia un nuevo mineral: el salitre.
El Salitre
El salitre fue, sin duda, el principal producto minero del siglo XIX. Las décadas del 30 y del 40 marcan el inicio de la conquista del mercado europeo, en Alemania e Inglaterra. La demanda del salitre se apoyaba entonces en su aplicación a la producción de explosivos.
Exitosos experimentos realizados en 1850, sobre el empleo de nitratos como abonos agrícolas, hicieron crecer el interés y la demanda del salitre. Su aplicación como fertilizante se intensificó, además, por el crecimiento de la población europea y de sus requerimientos alimenticios. Ello implicó necesariamente aumentar el rendimiento agrícola, a través de la aplicación de métodos científicos que mejoraran el proceso de nutrición vegetal.
En los inicios de la década del 70 ingresan nuevos capitales, se mejoran las técnicas de elaboración y de transporte con el surgimiento de líneas férreas. El químico e ingeniero inglés Santiago Humberstone, por ejemplo, adaptó el sistema Shanks -inventando para fabricar carbonato de calcio- a la elaboración del mineral.
Pero sólo en 1879 el salitre adquiere su real importancia, desde la Guerra del Pacífico, cuando Chile empieza a explotar las salitreras de Tarapacá y Antofagasta, como lo demuestran las cifras de la Época: entre 1879 y 1900, la producción crece sostenidamente, desde unas 600.000 a 1.460.000 toneladas anuales, fruto del trabajo de 80 oficinas salitreras que ocupaban 25.000 personas en sus faenas.
El período 1830-1880 es conocido históricamente como el ciclo de la plata, el cobre o el carbón de piedra.
El salitre fue, sin duda, el principal producto minero del siglo XIX. Las décadas del 30 y del 40 marcan el inicio de la conquista del mercado europeo, en Alemania e Inglaterra. La demanda del salitre se apoyaba entonces en su aplicación a la producción de explosivos.
Exitosos experimentos realizados en 1850, sobre el empleo de nitratos como abonos agrícolas, hicieron crecer el interés y la demanda del salitre. Su aplicación como fertilizante se intensificó, además, por el crecimiento de la población europea y de sus requerimientos alimenticios. Ello implicó necesariamente aumentar el rendimiento agrícola, a través de la aplicación de métodos científicos que mejoraran el proceso de nutrición vegetal.
En los inicios de la década del 70 ingresan nuevos capitales, se mejoran las técnicas de elaboración y de transporte con el surgimiento de líneas férreas. El químico e ingeniero inglés Santiago Humberstone, por ejemplo, adaptó el sistema Shanks -inventando para fabricar carbonato de calcio- a la elaboración del mineral.
Pero sólo en 1879 el salitre adquiere su real importancia, desde la Guerra del Pacífico, cuando Chile empieza a explotar las salitreras de Tarapacá y Antofagasta, como lo demuestran las cifras de la Época: entre 1879 y 1900, la producción crece sostenidamente, desde unas 600.000 a 1.460.000 toneladas anuales, fruto del trabajo de 80 oficinas salitreras que ocupaban 25.000 personas en sus faenas.
El período 1830-1880 es conocido históricamente como el ciclo de la plata, el cobre o el carbón de piedra.
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